Conceptos japoneses: ciudad y arquitectura

Las presentes anotaciones son el resultado de un estudio sobre la influencia de la legislación japonesa en la formalización de sus ciudades y edificios, especialmente en lo referente a los monumentos considerados como elementos vertebrantes y aportadores de significado a la membranan urbana. De hecho, el tema eternamente estudiado por los investigadores extranjeros en el Japón es la relación entre lo nuevo y lo antiguo, entre tradición y modernidad. Tradición y modernidad es el título de al menos la mitad de los congresos, simposios y artículos aparecidos sobre este tema, y sin duda seguirá siéndolo en el futuro. Por lo tanto los temas legales no son el centro del presente artículo. Se trata más bien de sacar a la luz algunos conceptos subyacentes en la mente y la cultura japonesa, que plasmados en sus ciudades y edificios los hacen tan diferentes. Conceptos que son detectables tanto en la más pura tradicion como en la más perfecta imitación de los modelos occidentales. Puesto que las ciudades y su arquitectura son la plasmación de de una forma de vida y por lo tanto de una forma de concebirla, la comprensión de cómo está ella concebida es un paso esencial para la comprensión de sus ciudades.

Coherencia frente a Acoherencia
(It-kan-sei, Mu-it-kan-sei)

Este es uno de los aspectos que más sorprenden al occidental en sus primeros enfrentamientos con la ciudad japonesa. Las ciudades japonesas, salvo raras excepciones, presentan un aspecto caótico y desordenado, y generalmente son criticadas por su falta de armonía y planificación. De hecho, las imágenes favoritas de los reporteros arquitectónicos occidentales son similares a la reproducida aquí (fig 1), que sirven de excusa para definir Tokio como una "maraña". La planificación, sin embargo, existe y es precisa, detallada y estricta. De hecho, sería muy difícil pensar que en el país campeón de la organización, donde ésta es sagrada como una religión, la planificación no existe. ¿De dónde procede pues el desconcierto del visitante occidental ante la realidad urbana y arquitectónica del Japón?

Un vistazo a cómo se elabora esta planificación y normativas puede aportar alguna pista. La planificación urbana es tarea exclusiva del Ministerio de Construccion (Kensetsu-Shou). Sin embargo, toda la normativa de protección monumental y del carácter ambiental e histórico de algunos barrios y distritos es desarrollada por el Ministerio de Educación (Mombu-Shou). Y entre los dos ministerios no hay un solo punto de contacto. Usando un paralelismo linguístico, las actuaciones de ambos ministerios son como palabras inconexas procedentes de dos sujetos diferentes, y yuxtapuestas por las buenas en la misma oración. Los edificios protegidos por el Ministerio de Educación están yuxtapuestos en un paisaje resultante de un planeamiento diseñado al margen de los mismos, sin ninguna intención de armnonizar con ellos. Se evita cualquier clase de interacción entre nuevo y antiguo, y de esa forma ambos elementos permanecen en estado puro y resultan más expresivos (algunas veces rayando en lo dramático) debido al contraste resultante de su simple yuxtaposición.

La actuación típica europea tiende, sin duda alguna, a conceder tanta importancia (si no más) a la conexión de los antiguos elementos (protegidos) con los nuevos elementos planeados, con la intención de conseguir una armonía global. La forma de hacer en Europa procede de una actitud intelectual que podemos denominar coherente. Coherencia, en su significado original latino, era definido como un término lógico, refiriéndose a una teoría en la que la verdad debía ser juzgada por la "CONSISTENCIA MUTUA" de las proposiciones? . Vo. Volviendo al Japón, esta "consistencia mutua" no existe. La traducción japonesa del término, importada del vocabulario chino, es el vocablo "It-kan-sei" . Sin embargo no tiene connotaciones tan sofisticadas como el término occidental: el término "It" (abreviaci? &oaón de "ichi") significa uno o la unidad, y "kan" , en este caso, significa atravesar, obtener, llegar al fondo de algo. La definición en el diccionario japonés es "ir directo, atravesar en línea recta", por un lado, y (algo más próxima a nuestro término) "actuar sin desviarse de una idea" por otro. Obsérvese la diferencia de matices en la definición latina, que se basa en la comparación de las proposiciones lógicas de una teoría, y del término chino, basado en la fidelidad a un principio único. El término latino da una idea más correcta del lo que se quiere explicar explicar aquí. La falta, o mejor dicho, la vaguedad de este concepto en Japón, se denomina en el presente texto como a-coherencia (por evitar las connotaciones negativas del término "incoherencia"). La partícula japonesa "mu", que significa "la nada, la no existencia" resulta muy a propósito para aportar una traducción de este término al propio japonés : "mu-it-kan-sei".

Hecha esta breve aclaración terminológica, se hace oportuno indicar que esta particularidad del planeamiento japonés parece ser una manisfestación de un fenómeno arraigado en el fondo de la mente japonesa. Yendo al vehículo básico del pensamiento, que es el lenguaje, la "a-coherencia" del idioma japonés, ha sido un fenómeno señalado y estudiado por investigadores tanto occidentales como orientales. La falta de importancia que tienen la sintaxis y las reglas gramaticales en el japonés, ha sido señalada, por ejemplo, por Bernard Rudofski. En su ensayo sobre el Japón? ded dedica un capítulo entero a su lenguaje. Entre una colección de comentarios agudos e ingeniosos de estudiosos japoneses y occidentales, destaca el papel secundario que la sintaxis o la gramática tienen en este lenguaje. Una buena idea de lo que Rudofski quiere decir queda ilustrado con alguno de los ejemplos que inician el citado capítulo, frases taducidas palabra por palabra del japonés:
"Japón-lengua-en esto qué decir?"
"Este lado a-cerca-de, cómodo bien sería."

Del lado japonés se puede destacar el estudio desarrollado en Columbia por arquitecto japonés Kengo Kuma? . M&. Más científico y articulado, y dedica tres capítulos al problema sintáctico. Sin entrar en detale en su teoría, basta con citar una frase suya:
"El lector japonés, con la comprensión general del contexto puede entender el significado de frases en que las palabras están vagamente puestas unas junto a otras. Por otro lado, en inglés? , el, el significado de una frase depende en gran medida de la sintaxis"

La conclusión de estos estudios sobre la estructura del pensammiento japonés es que éste es esencialmente agramatical, o usando la terminología propuesta al principio de este capítulo, "a-coherente". Con estos precedentes resulta más fácil comprender la diferencia de paisajes urbanos como el de Tokio, donde lo nuevo se yuxtapone por las buenas a lo antiguo (fig 2) y paisajes urbanos occidentales (fig 3) donde lo nuevo y lo antiguo no se conciben sin un compromiso de acercamiento formal entre ambos.

Yendo más lejos, y también dentro del campo puramente arquitectónico, este mismo concepto está detrás de las sofisticadas teorías de algunas de las nuevas vanguardias japonesas. Por ejemplo, Kazuo Shinohara? pro propone una teoría arquitectónica basada en "la negación decualquier organización general preconcebida", el "ruido aleatorio", la "yuxtaposición de fragmentos inconexos", y otras ideas similares. Su definición de Tokio como "la belleza de la anarquía progresiva" resulta bastante expresiva. Esta forma de pensar ilustra muy bien el concepto de "a-coherencia". Dicho en otras palabras, Shinohara es un hombre moderno que busca una salida más flexibe y sofisticada a la herencia moderna occidental. Paradójicamente, esta actitud no puede escapar a una japonización, necesaria para imprimirle un espíritu vital a lo que de otra forma no sería más que otra teoría hueca. Y las obras de Shinohara muestran muy bien esta actitud: tanto en la enmascarada simplicidad del esquema "a-compositvo" de obras suburbanas (fig 4), como en la agresividad del caos y lo aleatorio como tema compositivo del edificio frente a su realidad urbana (fig 5). La "a-coherencia" es algo inherente a la ciudad japonesa, y que no puede ser eliminado sin evitar la muerte del espíritu que le da vida y le imprime carácter.

Mueble frente a Inmueble.
(Dou-San, vs. Fu-Dou-San)

Esta es otra idea más sutil que la anterior, pero no menos contrapuesta a lo que se considera en occidente como un concepto definidor de lo que es urbano o arquitectónico. De hecho en las lenguas latinas "inmueble" llega a ser sinónimo de edificio. Es decir, el edificio como algo inmóvil y por lo tanto necesariamente asociado a un lugar. Las cuestiones terminológicas pueden arrojar también ahora algo de luz sobre el concepto estudiado. Aunque en el título se ha propuesto un traducción japonesa para los conceptos castellanos de mueble e inmueble, también ahora las connotaciones son diferentes. Dou-San y Fu-Dou-San se refieren en sus sílabas iniciales a la posibilidad o imposibilidad de movimiento, lo que les hace en principio equivalentes a los vocablos españoles. Sin embargo la partícula final San significa "negocios" "actividad económica o comercial". Esto hace que el significado de Dou-San y Fu-Dou-San esté estrictamente referido a la actividad económica, el negocio inmobiliario. Y de hecho, el gran negocio de las inmobiliarias japonesas está precismente en la compra y venta de suelo urbano (lo que da realmente sentido al vocablo japonés), cuyo precio exagerado hace insignificante el valor del posible edificio construido sobre él. Edificio e inmueble son realidades distintas en la mente japonesa. Y a demás es difícil que el concepto de lo inmueble esté claro en un país donde ni siquiera el suelo está quieto.

La comparación de Occidente con Japón sirve para profundizar algo más en este concepto. Las poblaciones de Europa Occidental, con sus edificios de adobe, ladrillo o piedra, están construidas con los materiales obtenidos del suelo sobre el que se levantan. Son una extensión artificial de un lugar natural, hecho habitable, y están fuertemente enraizadas en él (fig 6).

Aquí es donde encontramos otro aspecto característico de la ciudad japonesa: el que lo edificios no estén necesariamente fijados a un lugar. Incluso la legislación japonesa en cuestión de protección monumental, admite sin nigún reparo el que un edificio protegido sea trasladado de un lugar a otro. Y de hecho, el monumento más preciado de Japón, el santuario de Ise, cambia periódicamente su emplazamiento entre dos solares contiguos. Ello se debe a que los edificios están definidos como un bien cultural tangible, perteneciendo al mismo orden de objetos que las pinturas o las esculturas. Por supuesto, lo normal es que un edificio, una vez construido, no sea movido de su emplazamiento. Pero el ejemplo de la legislación demuestra que el edificio y el lugar no son inseparables? . Lo. Los edificios japoneses se han construido tradicionalmente de madera. Son pues estructuras ligeras, colocadas en la naturaleza, que pueden ser desmontadas o reemplazadas en cualquier momento (fig 5 y 8). Los edificios tienen pues un carácter ligero y movible, y pueden ser considerados como piezas abstractas "colocadas" en su entorno (o por usar otro término, yuxtapuestas a él). La contemplación de una ciudad japonesa sobre una colina produce una fuerte sensación de impermanencia. Un conjunto de casitas ligeras de madera o recubiertas de chapas de zinc, aparecen como objetos allí colocados, y que podrían ser retirados sin dejar el menor rastro en el paisaje.

Las estructuras más impresionantes de la tradición arquitectónica japonesa, los castillos, aparecen como elementos increíblemente ligeros y abstractos. Incluso los muros y los bastiones de piedra son objetos puramente abstractos, 'colocados' sobre su lugar, sin ningina necesaria conexión con la topografía circundante (fig 9, 10) .

Volviendo a la comparación con las poblaciones occidentales, habiendo nacido éstas de la tierra sobre la que se levantan, aparecen tan eternas y permanentes como la colina sobre la que se asientan. Incluso si llegan a caer en ruinas, sus restos seguirán siendo inseparables de su base. Compárenselos típicos castillos españoles con los ejemplos japoneses expuestos anteriormente (fig 11-12). Todos ellos se encuentran en perfecta conexión y armonía con las colinas que los sustentan, e incluso en ruinas la unidad con su base sería perfecta.

Este concepto del edificio como un objeto no permanente (los conceptos de permanencia e impermanencia merecen ser desarrollados en un estudio más extenso) y móvil, ha trascendido a la ciudad y la arquitectura modernas. En el mundo de la arquitectura "culta", el mejor ejemplo es el nacimiento en Japón de una arquitectura moderna (que algún erudito lector preferirá denominar tardomoderna, o pre-postmoderna) con una esencia puramente japonesa en el movimiento muy breve, pero enormemente energético y vital, del Metabolismo (palabra demasiado larga para los japoneses, que prefieren denomiarlo como "metaboli").

En el mundo de la arquitectura popular, esta actitd mental ha favorecido en tiempos recientes la general aceptación de su industrialización. Y esta rápida industrialización (en la que Japón está indiscutiblemente a la cabeza mundial) ha traído como consecuencia la transformación de la arquitectura (al menos la vivienda) en un objeto de consumo. El sueño de le Corbusier y su generación, de una arquitectura fabricada por medios industriales, ahora de capa caída en Europa, se ha hecho una realidad en Japón, y nada menos que como la continuación lógica de una larga tradición. La gran mayoría de la arquitectura residencial Japonesa proviene de "fábricas de casas". Las casas se producen y se adquieren de una forma no muy diferente a como se fabrica y compra un automóvil. Y la comparación de la industria de la vivienda con la del automóvil vamás allá de un simple símil. Por ejemplo, el catálogo general de Toyota? , tr, tras describir con orgullo la actividad de la compañía referente a la consecución de automóviles de alta calidad, presenta la "Casa Toyota" (fig 13), con los siguientes comentarios:

La casa Toyota es la culminación de la experiencia acumulada en la construcción de automóviles. A través de un estricto control de la calidad [...] en las cadenas de fabricación y durante el montaje in situ [...] Toyota fabrica y entrega viviendas fiables y de alta calidad."

Obsérvese el uso intercambiado e indistinto de la terminología industrial y constructiva: "construir coches" y "fabricar casas". Las casas diseñadas, fabricadas y entregadas por Toyota, Panasonic, Toshiba y muchas otras compañías, son exponentes muy sofisticados de la aplicación de sus logros en alta tecnología. El paralelismo con el frustrado sueño visionario de Le Corbusier, la casa 'Citrohan', es asombroso. Esta concepción mental de la casa tan próxima al automóvil, nada tan radicalmente opuesto al concepto de "inmueble", ha transformado el paisaje urbano japonés en uno de los más vitales y cambiantes del mundo. Sin embargo, su calidad arquitectónica es muy discutible, y los edificios elegantes, hechos a medida, como un traje de sastre y con firma de diseñador, siguen siendo encargados a arquitectos y construidos de una forma algo más tradicional. Esta última es la imagen de ciudad y arquitectura que el marketing editorial japonés nos presenta en sus revistas. Pero se trata de excepciones aisladas en un paisaje urbano esencialmente industrializado.

Permanencia de materia, frente a permanencia de aspecto

Cualquier Europeo Occidental, al visitar un edificio historico o sus ruinas, siente una emoción especial al tocar las mismas piedras que un artesano labró y colocó allí mismo hace cientos de años. Esto es la emoción que produce la autenticidad del edificio contemplado. Incluso si sólo se conserva una piedra, ésta será más valorada que un edificio entero, recién reconstruido con materiales nuevos y relucientes, aún siendo exactamente igual al que existió allí, digamos por ejemplo, hace dos mil años. Esto se hace algunas veces, pero el expectador lo considera como una simple imitación sin valor, poco más que una curiosidad, como un montaje cinematográfico.

Si un edificio emblemático de la cultura arquitectónica europea, el Templo de Poseidon en Pestum, sigue en ruinas, no es porque nadie sepa cómo reconstruirlo, o porque no haya medios para ello. Es porque nadie quiere ver algo que no sea el material original, las mismas piedras que talló el artesano griego, y que con su presencia siguen transmitiendo el soplo vital de su mano. Esto es lo que en el presente ensayo se denomina "permanencia de materia" (fig 14).

Sin embargo, en la mente japonesa no parece haber nada eterno. La esencia de las cosas es la transformación, en un proceso continuo de destrucción y regeneración. Esta idea también cuadra perfectamente con el ya citado metabolismo, que como puede verse, siendo un movimiento plenamente moderno tiene una profunda raíz en la cultura tradicional de Japón.

Debido a esta peculiar concepción, la política de restauración japonesa permite sin ningún reparo la sustitución total de los materiales de un edificio protegido con otros nuevos (o su reconstrucción total), algo que en España es impensable. Por supuesto, la sustitución y renovación de los materiales ha sido una constante en la arquitectura japonesa, dado el carácter perecedero de su material básico: la madera.

Dicho en otras palabras, un edificio es el mismo, siempre que tenga a misma apariencia que el edificio original, y sea construido con los mismos materiales y técnicas que el edificio original. Así, siguiendo el paralelismo con la arquitectura occidental, el edificio embemático de la cultura arquitectónica japonesa, el ya citado santuario de Ise, es reconstruido completamente cada cuarenta años. Se usa el mismo tipo de madera, y la construcción está realizada por unos pocos especialisas que conservan las técnicas tradicionales. Sin embargo, ese edificio que nunca llega a una edad mayor de cuarenta años, es considerado como un edificio milenario, el mismo que se construyó en un principio (fig 15).

Poniendo otro ejemplo, muchos de los castillos japoneses ya mencionados (fig 10), que han sido reconstruidos con estructuras de hormigón armado y acero, son considerados por los japoneses como auténticos, pero decepcionan al visitante occidental como una falsa imitación de lo que una vez hubo allí.

Esta concepción de lo que es auténtco y permanente en la mente japonesa, es lo que se denomina en el presente ensayo como "permanencia del aspecto", y es otro de los responsables de la peculiaridad del paisaje urbano japonés.


Monumentos que no son monumentos

Al principio de este ensayo se aclaraba que una de las referencias en el presente estudio de conceptos básicos para una comprensión del paisaje urbano japonés, era precisamente la idea de monumento. Este capítulo final (del presente ensayo, pues muchos se quedan en el tintero) está centrado en el concepto de monumento propiamente dicho. Siguiendo el sistema ya empleado en capítulos anteriores, se recordará que el vocablo "monumento" procede del latín "monere", que significa "recordar". Consecuentemente, monumento significa: "una lápida escrita, o algo que sirve para conmemorar o hacer que algo se celebre, especialmente una estructura o edificio"? . La. La palabra "monumental" puede derivar en significados como "masivo y permanente", "extremadamente grande".

Sin embargo, la ley de protección monumental japonesa comienza con una definición de monumento tan peculiar que vale la pena explicar aquí. Según esta ley, son monumentos las montañas, árboles, cuevas, lagos, animales, piedras y otros elementos naturales de "alto valor científico" o excepcional belleza. Elementos que no pertenecen a la creación humana, y mucho menos responden a la definición occidental de monumento. Unicamente una referencia a edificios monumentales (en el sentido de extremadamente grande), presenta una ligera conexión con la concepción occidental de monumento. De esta forma, pequeños edificios, como templos o palacetes, pasan a la categoría de objetos de valor artístico (no monumentos), con la connotaciones que ya se vieron en el capítulo dedicado al concepto de mueble frente a inmueble (fig 16 y 17).

Es difícil extraer conclusiones prácticas de esto. Sin embargo resulta significativo que cosas tan diferentes como castillos, montañas, paisajes y animales pertenezcan a la misma categoría de objetos. El laberinto conceptual que se presenta al observador occidental, intentando comprender el significado de un animal o una planta considerados como monumentos, presenta muy difícil solución. Se hace necesario (como en muchas ocasiones similares) volver la mente y la lógica al revés: son los castillos, palacios monumentales y tumbas grandiosas las que están siendo igualadas a las creaciones naturales: las montañas, los árboles, los animales (y no al revés). La definición de monumento así entendido se convierte en un fragmento del credo sintoísta, y encaja perfectamente en el cosmos de lo japonés (fig 18).


Ilustraciones
1.-Calle de Tokyo
2.-Paisaje urbano japonés con edificios nuevos y antiguos, yuxtapuestos
3.-Paisaje urbano español, con edificios modernos armonizando con los antiguos
4.-Museo de Ukiyoe (Matsumoto)
5.-Pabellón del centenario del Instituto de Tecnología de Tokyo
6.-Ciudad de montaña en la provincia de Madrid
7.-Ciudad de montaña en el área de Tokyo
8.-Edificios del templo Koyasan
9.-Castillo de Matsumoto, edificio original
10.-Castillo Chiba, reconstruido
11. y 12.- Castillos españoles
13.-Casa Toyota
14.-Templo de Poseidon en Pestum
15.-El Santuario de Ise
16.-Arbol monumento (en Kamakura, Kanagawa)
17.-No monumento: templete japonés.
18.-Esquema conceptual del arquitecto Kikoo Mozuna.
ver ilustracion
Conceptos japoneses: ciudad y arquitectura

Las presentes anotaciones son el resultado de un estudio sobre la influencia de la legislación japonesa en la formalización de sus ciudades y edificios, especialmente en lo referente a los monumentos considerados como elementos vertebrantes y aportadores de significado a la membranan urbana. De hecho, el tema eternamente estudiado por los investigadores extranjeros en el Japón es la relación entre lo nuevo y lo antiguo, entre tradición y modernidad. Tradición y modernidad es el título de al menos la mitad de los congresos, simposios y artículos aparecidos sobre este tema, y sin duda seguirá siéndolo en el futuro. Por lo tanto los temas legales no son el centro del presente artículo. Se trata más bien de sacar a la luz algunos conceptos subyacentes en la mente y la cultura japonesa, que plasmados en sus ciudades y edificios los hacen tan diferentes. Conceptos que son detectables tanto en la más pura tradicion como en la más perfecta imitación de los modelos occidentales. Puesto que las ciudades y su arquitectura son la plasmación de de una forma de vida y por lo tanto de una forma de concebirla, la comprensión de cómo está ella concebida es un paso esencial para la comprensión de sus ciudades.

Coherencia frente a Acoherencia
(It-kan-sei, Mu-it-kan-sei)

Este es uno de los aspectos que más sorprenden al occidental en sus primeros enfrentamientos con la ciudad japonesa. Las ciudades japonesas, salvo raras excepciones, presentan un aspecto caótico y desordenado, y generalmente son criticadas por su falta de armonía y planificación. De hecho, las imágenes favoritas de los reporteros arquitectónicos occidentales son similares a la reproducida aquí (fig 1), que sirven de excusa para definir Tokio como una "maraña". La planificación, sin embargo, existe y es precisa, detallada y estricta. De hecho, sería muy difícil pensar que en el país campeón de la organización, donde ésta es sagrada como una religión, la planificación no existe. ¿De dónde procede pues el desconcierto del visitante occidental ante la realidad urbana y arquitectónica del Japón?

Un vistazo a cómo se elabora esta planificación y normativas puede aportar alguna pista. La planificación urbana es tarea exclusiva del Ministerio de Construccion (Kensetsu-Shou). Sin embargo, toda la normativa de protección monumental y del carácter ambiental e histórico de algunos barrios y distritos es desarrollada por el Ministerio de Educación (Mombu-Shou). Y entre los dos ministerios no hay un solo punto de contacto. Usando un paralelismo linguístico, las actuaciones de ambos ministerios son como palabras inconexas procedentes de dos sujetos diferentes, y yuxtapuestas por las buenas en la misma oración. Los edificios protegidos por el Ministerio de Educación están yuxtapuestos en un paisaje resultante de un planeamiento diseñado al margen de los mismos, sin ninguna intención de armnonizar con ellos. Se evita cualquier clase de interacción entre nuevo y antiguo, y de esa forma ambos elementos permanecen en estado puro y resultan más expresivos (algunas veces rayando en lo dramático) debido al contraste resultante de su simple yuxtaposición.

La actuación típica europea tiende, sin duda alguna, a conceder tanta importancia (si no más) a la conexión de los antiguos elementos (protegidos) con los nuevos elementos planeados, con la intención de conseguir una armonía global. La forma de hacer en Europa procede de una actitud intelectual que podemos denominar coherente. Coherencia, en su significado original latino, era definido como un término lógico, refiriéndose a una teoría en la que la verdad debía ser juzgada por la "CONSISTENCIA MUTUA" de las proposiciones? . Vo. Volviendo al Japón, esta "consistencia mutua" no existe. La traducción japonesa del término, importada del vocabulario chino, es el vocablo "It-kan-sei" . Sin embargo no tiene connotaciones tan sofisticadas como el término occidental: el término "It" (abreviaci? &oaón de "ichi") significa uno o la unidad, y "kan" , en este caso, significa atravesar, obtener, llegar al fondo de algo. La definición en el diccionario japonés es "ir directo, atravesar en línea recta", por un lado, y (algo más próxima a nuestro término) "actuar sin desviarse de una idea" por otro. Obsérvese la diferencia de matices en la definición latina, que se basa en la comparación de las proposiciones lógicas de una teoría, y del término chino, basado en la fidelidad a un principio único. El término latino da una idea más correcta del lo que se quiere explicar explicar aquí. La falta, o mejor dicho, la vaguedad de este concepto en Japón, se denomina en el presente texto como a-coherencia (por evitar las connotaciones negativas del término "incoherencia"). La partícula japonesa "mu", que significa "la nada, la no existencia" resulta muy a propósito para aportar una traducción de este término al propio japonés : "mu-it-kan-sei".

Hecha esta breve aclaración terminológica, se hace oportuno indicar que esta particularidad del planeamiento japonés parece ser una manisfestación de un fenómeno arraigado en el fondo de la mente japonesa. Yendo al vehículo básico del pensamiento, que es el lenguaje, la "a-coherencia" del idioma japonés, ha sido un fenómeno señalado y estudiado por investigadores tanto occidentales como orientales. La falta de importancia que tienen la sintaxis y las reglas gramaticales en el japonés, ha sido señalada, por ejemplo, por Bernard Rudofski. En su ensayo sobre el Japón? ded dedica un capítulo entero a su lenguaje. Entre una colección de comentarios agudos e ingeniosos de estudiosos japoneses y occidentales, destaca el papel secundario que la sintaxis o la gramática tienen en este lenguaje. Una buena idea de lo que Rudofski quiere decir queda ilustrado con alguno de los ejemplos que inician el citado capítulo, frases taducidas palabra por palabra del japonés:
"Japón-lengua-en esto qué decir?"
"Este lado a-cerca-de, cómodo bien sería."

Del lado japonés se puede destacar el estudio desarrollado en Columbia por arquitecto japonés Kengo Kuma? . M&. Más científico y articulado, y dedica tres capítulos al problema sintáctico. Sin entrar en detale en su teoría, basta con citar una frase suya:
"El lector japonés, con la comprensión general del contexto puede entender el significado de frases en que las palabras están vagamente puestas unas junto a otras. Por otro lado, en inglés? , el, el significado de una frase depende en gran medida de la sintaxis"

La conclusión de estos estudios sobre la estructura del pensammiento japonés es que éste es esencialmente agramatical, o usando la terminología propuesta al principio de este capítulo, "a-coherente". Con estos precedentes resulta más fácil comprender la diferencia de paisajes urbanos como el de Tokio, donde lo nuevo se yuxtapone por las buenas a lo antiguo (fig 2) y paisajes urbanos occidentales (fig 3) donde lo nuevo y lo antiguo no se conciben sin un compromiso de acercamiento formal entre ambos.

Yendo más lejos, y también dentro del campo puramente arquitectónico, este mismo concepto está detrás de las sofisticadas teorías de algunas de las nuevas vanguardias japonesas. Por ejemplo, Kazuo Shinohara? pro propone una teoría arquitectónica basada en "la negación decualquier organización general preconcebida", el "ruido aleatorio", la "yuxtaposición de fragmentos inconexos", y otras ideas similares. Su definición de Tokio como "la belleza de la anarquía progresiva" resulta bastante expresiva. Esta forma de pensar ilustra muy bien el concepto de "a-coherencia". Dicho en otras palabras, Shinohara es un hombre moderno que busca una salida más flexibe y sofisticada a la herencia moderna occidental. Paradójicamente, esta actitud no puede escapar a una japonización, necesaria para imprimirle un espíritu vital a lo que de otra forma no sería más que otra teoría hueca. Y las obras de Shinohara muestran muy bien esta actitud: tanto en la enmascarada simplicidad del esquema "a-compositvo" de obras suburbanas (fig 4), como en la agresividad del caos y lo aleatorio como tema compositivo del edificio frente a su realidad urbana (fig 5). La "a-coherencia" es algo inherente a la ciudad japonesa, y que no puede ser eliminado sin evitar la muerte del espíritu que le da vida y le imprime carácter.

Mueble frente a Inmueble.
(Dou-San, vs. Fu-Dou-San)

Esta es otra idea más sutil que la anterior, pero no menos contrapuesta a lo que se considera en occidente como un concepto definidor de lo que es urbano o arquitectónico. De hecho en las lenguas latinas "inmueble" llega a ser sinónimo de edificio. Es decir, el edificio como algo inmóvil y por lo tanto necesariamente asociado a un lugar. Las cuestiones terminológicas pueden arrojar también ahora algo de luz sobre el concepto estudiado. Aunque en el título se ha propuesto un traducción japonesa para los conceptos castellanos de mueble e inmueble, también ahora las connotaciones son diferentes. Dou-San y Fu-Dou-San se refieren en sus sílabas iniciales a la posibilidad o imposibilidad de movimiento, lo que les hace en principio equivalentes a los vocablos españoles. Sin embargo la partícula final San significa "negocios" "actividad económica o comercial". Esto hace que el significado de Dou-San y Fu-Dou-San esté estrictamente referido a la actividad económica, el negocio inmobiliario. Y de hecho, el gran negocio de las inmobiliarias japonesas está precismente en la compra y venta de suelo urbano (lo que da realmente sentido al vocablo japonés), cuyo precio exagerado hace insignificante el valor del posible edificio construido sobre él. Edificio e inmueble son realidades distintas en la mente japonesa. Y a demás es difícil que el concepto de lo inmueble esté claro en un país donde ni siquiera el suelo está quieto.

La comparación de Occidente con Japón sirve para profundizar algo más en este concepto. Las poblaciones de Europa Occidental, con sus edificios de adobe, ladrillo o piedra, están construidas con los materiales obtenidos del suelo sobre el que se levantan. Son una extensión artificial de un lugar natural, hecho habitable, y están fuertemente enraizadas en él (fig 6).

Aquí es donde encontramos otro aspecto característico de la ciudad japonesa: el que lo edificios no estén necesariamente fijados a un lugar. Incluso la legislación japonesa en cuestión de protección monumental, admite sin nigún reparo el que un edificio protegido sea trasladado de un lugar a otro. Y de hecho, el monumento más preciado de Japón, el santuario de Ise, cambia periódicamente su emplazamiento entre dos solares contiguos. Ello se debe a que los edificios están definidos como un bien cultural tangible, perteneciendo al mismo orden de objetos que las pinturas o las esculturas. Por supuesto, lo normal es que un edificio, una vez construido, no sea movido de su emplazamiento. Pero el ejemplo de la legislación demuestra que el edificio y el lugar no son inseparables? . Lo. Los edificios japoneses se han construido tradicionalmente de madera. Son pues estructuras ligeras, colocadas en la naturaleza, que pueden ser desmontadas o reemplazadas en cualquier momento (fig 5 y 8). Los edificios tienen pues un carácter ligero y movible, y pueden ser considerados como piezas abstractas "colocadas" en su entorno (o por usar otro término, yuxtapuestas a él). La contemplación de una ciudad japonesa sobre una colina produce una fuerte sensación de impermanencia. Un conjunto de casitas ligeras de madera o recubiertas de chapas de zinc, aparecen como objetos allí colocados, y que podrían ser retirados sin dejar el menor rastro en el paisaje.

Las estructuras más impresionantes de la tradición arquitectónica japonesa, los castillos, aparecen como elementos increíblemente ligeros y abstractos. Incluso los muros y los bastiones de piedra son objetos puramente abstractos, 'colocados' sobre su lugar, sin ningina necesaria conexión con la topografía circundante (fig 9, 10) .

Volviendo a la comparación con las poblaciones occidentales, habiendo nacido éstas de la tierra sobre la que se levantan, aparecen tan eternas y permanentes como la colina sobre la que se asientan. Incluso si llegan a caer en ruinas, sus restos seguirán siendo inseparables de su base. Compárenselos típicos castillos españoles con los ejemplos japoneses expuestos anteriormente (fig 11-12). Todos ellos se encuentran en perfecta conexión y armonía con las colinas que los sustentan, e incluso en ruinas la unidad con su base sería perfecta.

Este concepto del edificio como un objeto no permanente (los conceptos de permanencia e impermanencia merecen ser desarrollados en un estudio más extenso) y móvil, ha trascendido a la ciudad y la arquitectura modernas. En el mundo de la arquitectura "culta", el mejor ejemplo es el nacimiento en Japón de una arquitectura moderna (que algún erudito lector preferirá denominar tardomoderna, o pre-postmoderna) con una esencia puramente japonesa en el movimiento muy breve, pero enormemente energético y vital, del Metabolismo (palabra demasiado larga para los japoneses, que prefieren denomiarlo como "metaboli").

En el mundo de la arquitectura popular, esta actitd mental ha favorecido en tiempos recientes la general aceptación de su industrialización. Y esta rápida industrialización (en la que Japón está indiscutiblemente a la cabeza mundial) ha traído como consecuencia la transformación de la arquitectura (al menos la vivienda) en un objeto de consumo. El sueño de le Corbusier y su generación, de una arquitectura fabricada por medios industriales, ahora de capa caída en Europa, se ha hecho una realidad en Japón, y nada menos que como la continuación lógica de una larga tradición. La gran mayoría de la arquitectura residencial Japonesa proviene de "fábricas de casas". Las casas se producen y se adquieren de una forma no muy diferente a como se fabrica y compra un automóvil. Y la comparación de la industria de la vivienda con la del automóvil vamás allá de un simple símil. Por ejemplo, el catálogo general de Toyota? , tr, tras describir con orgullo la actividad de la compañía referente a la consecución de automóviles de alta calidad, presenta la "Casa Toyota" (fig 13), con los siguientes comentarios:

La casa Toyota es la culminación de la experiencia acumulada en la construcción de automóviles. A través de un estricto control de la calidad [...] en las cadenas de fabricación y durante el montaje in situ [...] Toyota fabrica y entrega viviendas fiables y de alta calidad."

Obsérvese el uso intercambiado e indistinto de la terminología industrial y constructiva: "construir coches" y "fabricar casas". Las casas diseñadas, fabricadas y entregadas por Toyota, Panasonic, Toshiba y muchas otras compañías, son exponentes muy sofisticados de la aplicación de sus logros en alta tecnología. El paralelismo con el frustrado sueño visionario de Le Corbusier, la casa 'Citrohan', es asombroso. Esta concepción mental de la casa tan próxima al automóvil, nada tan radicalmente opuesto al concepto de "inmueble", ha transformado el paisaje urbano japonés en uno de los más vitales y cambiantes del mundo. Sin embargo, su calidad arquitectónica es muy discutible, y los edificios elegantes, hechos a medida, como un traje de sastre y con firma de diseñador, siguen siendo encargados a arquitectos y construidos de una forma algo más tradicional. Esta última es la imagen de ciudad y arquitectura que el marketing editorial japonés nos presenta en sus revistas. Pero se trata de excepciones aisladas en un paisaje urbano esencialmente industrializado.

Permanencia de materia, frente a permanencia de aspecto

Cualquier Europeo Occidental, al visitar un edificio historico o sus ruinas, siente una emoción especial al tocar las mismas piedras que un artesano labró y colocó allí mismo hace cientos de años. Esto es la emoción que produce la autenticidad del edificio contemplado. Incluso si sólo se conserva una piedra, ésta será más valorada que un edificio entero, recién reconstruido con materiales nuevos y relucientes, aún siendo exactamente igual al que existió allí, digamos por ejemplo, hace dos mil años. Esto se hace algunas veces, pero el expectador lo considera como una simple imitación sin valor, poco más que una curiosidad, como un montaje cinematográfico.

Si un edificio emblemático de la cultura arquitectónica europea, el Templo de Poseidon en Pestum, sigue en ruinas, no es porque nadie sepa cómo reconstruirlo, o porque no haya medios para ello. Es porque nadie quiere ver algo que no sea el material original, las mismas piedras que talló el artesano griego, y que con su presencia siguen transmitiendo el soplo vital de su mano. Esto es lo que en el presente ensayo se denomina "permanencia de materia" (fig 14).

Sin embargo, en la mente japonesa no parece haber nada eterno. La esencia de las cosas es la transformación, en un proceso continuo de destrucción y regeneración. Esta idea también cuadra perfectamente con el ya citado metabolismo, que como puede verse, siendo un movimiento plenamente moderno tiene una profunda raíz en la cultura tradicional de Japón.

Debido a esta peculiar concepción, la política de restauración japonesa permite sin ningún reparo la sustitución total de los materiales de un edificio protegido con otros nuevos (o su reconstrucción total), algo que en España es impensable. Por supuesto, la sustitución y renovación de los materiales ha sido una constante en la arquitectura japonesa, dado el carácter perecedero de su material básico: la madera.

Dicho en otras palabras, un edificio es el mismo, siempre que tenga a misma apariencia que el edificio original, y sea construido con los mismos materiales y técnicas que el edificio original. Así, siguiendo el paralelismo con la arquitectura occidental, el edificio embemático de la cultura arquitectónica japonesa, el ya citado santuario de Ise, es reconstruido completamente cada cuarenta años. Se usa el mismo tipo de madera, y la construcción está realizada por unos pocos especialisas que conservan las técnicas tradicionales. Sin embargo, ese edificio que nunca llega a una edad mayor de cuarenta años, es considerado como un edificio milenario, el mismo que se construyó en un principio (fig 15).

Poniendo otro ejemplo, muchos de los castillos japoneses ya mencionados (fig 10), que han sido reconstruidos con estructuras de hormigón armado y acero, son considerados por los japoneses como auténticos, pero decepcionan al visitante occidental como una falsa imitación de lo que una vez hubo allí.

Esta concepción de lo que es auténtco y permanente en la mente japonesa, es lo que se denomina en el presente ensayo como "permanencia del aspecto", y es otro de los responsables de la peculiaridad del paisaje urbano japonés.


Monumentos que no son monumentos

Al principio de este ensayo se aclaraba que una de las referencias en el presente estudio de conceptos básicos para una comprensión del paisaje urbano japonés, era precisamente la idea de monumento. Este capítulo final (del presente ensayo, pues muchos se quedan en el tintero) está centrado en el concepto de monumento propiamente dicho. Siguiendo el sistema ya empleado en capítulos anteriores, se recordará que el vocablo "monumento" procede del latín "monere", que significa "recordar". Consecuentemente, monumento significa: "una lápida escrita, o algo que sirve para conmemorar o hacer que algo se celebre, especialmente una estructura o edificio"? . La. La palabra "monumental" puede derivar en significados como "masivo y permanente", "extremadamente grande".

Sin embargo, la ley de protección monumental japonesa comienza con una definición de monumento tan peculiar que vale la pena explicar aquí. Según esta ley, son monumentos las montañas, árboles, cuevas, lagos, animales, piedras y otros elementos naturales de "alto valor científico" o excepcional belleza. Elementos que no pertenecen a la creación humana, y mucho menos responden a la definición occidental de monumento. Unicamente una referencia a edificios monumentales (en el sentido de extremadamente grande), presenta una ligera conexión con la concepción occidental de monumento. De esta forma, pequeños edificios, como templos o palacetes, pasan a la categoría de objetos de valor artístico (no monumentos), con la connotaciones que ya se vieron en el capítulo dedicado al concepto de mueble frente a inmueble (fig 16 y 17).

Es difícil extraer conclusiones prácticas de esto. Sin embargo resulta significativo que cosas tan diferentes como castillos, montañas, paisajes y animales pertenezcan a la misma categoría de objetos. El laberinto conceptual que se presenta al observador occidental, intentando comprender el significado de un animal o una planta considerados como monumentos, presenta muy difícil solución. Se hace necesario (como en muchas ocasiones similares) volver la mente y la lógica al revés: son los castillos, palacios monumentales y tumbas grandiosas las que están siendo igualadas a las creaciones naturales: las montañas, los árboles, los animales (y no al revés). La definición de monumento así entendido se convierte en un fragmento del credo sintoísta, y encaja perfectamente en el cosmos de lo japonés (fig 18).


Ilustraciones
1.-Calle de Tokyo
2.-Paisaje urbano japonés con edificios nuevos y antiguos, yuxtapuestos
3.-Paisaje urbano español, con edificios modernos armonizando con los antiguos
4.-Museo de Ukiyoe (Matsumoto)
5.-Pabellón del centenario del Instituto de Tecnología de Tokyo
6.-Ciudad de montaña en la provincia de Madrid
7.-Ciudad de montaña en el área de Tokyo
8.-Edificios del templo Koyasan
9.-Castillo de Matsumoto, edificio original
10.-Castillo Chiba, reconstruido
11. y 12.- Castillos españoles
13.-Casa Toyota
14.-Templo de Poseidon en Pestum
15.-El Santuario de Ise
16.-Arbol monumento (en Kamakura, Kanagawa)
17.-No monumento: templete japonés.
18.-Esquema conceptual del arquitecto Kikoo Mozuna.